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De libertad y otros males

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De libertad y otros males

Mensaje por Alice Lidell el Dom Feb 09, 2014 11:48 pm

Todos necesitaban un tiempo para respirar, ella en especial. Era un día precioso para preocuparse, la luz invitaba a salir y escapar un rato de las tareas diarias, de la presión y las responsabilidades, sería un castigo estar encerrada o trabajando en lugar de disfrutar el buen clima, una tarde como esa no se debía de desperdiciar. Arregló los detalles importantes e insignificantes para que no surgieran contratiempos y no molestara a nadie su ausencia, no tenía planeado qué haría el resto del día pero las cosas suelen surgir por sí solas cuando se trata de ella.

Arregló el moño del delantal y alisó los pliegues con las manos mientras se preparaba para salir, abrió suavemente la puerta, no por delicadeza o preocupación, era el cuidado de alguien que no quería ser oída ni por un ratón. Asomó la cabeza y contempló a un lado, luego al otro, el camino parecía estar vacío y no había ruido alguno, era el momento perfecto para salir. De puntitas salió de su alcoba y comenzó a caminar por el pasillo con la espalda pegada a la pared, ¿una exageración? Habría pensado que sí hasta que cerca de una esquina, apareció un guardia que siguió caminando de largo ignorándola completamente.

- Eso no fue muy educado. - Pensó, volviendo a mirar si se acercaba algún otro guardia, pero no fue así, entonces siguió caminando, pero sus pasos se volvieron zancadas, y estas iban cada vez  más rápido, antes de darse cuenta estaba corriendo sin una razón, como si su vida dependiera de salir de ese lugar.

Tras tropezarse unas tres veces y esconderse otras dos más, logró llegar hasta el jardín por medio de una ventana abierta, aunque cuando trató de saltar la punta de su pie golpeó el marco, lo que la mando de cara contra un arbusto que adornaba afuera, las ramas crujieron y se escuchó el estruendoso ruido de su cuerpo golpeando el suelo. - Por qué huyo… Soy un General, puedo salir cuando quiera. - Era raro lo que le sucedía ese día, pero ella era así, algo rara.




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Re: De libertad y otros males

Mensaje por Richter el Miér Feb 12, 2014 1:01 am

-Hazlo rápido y nos vamos- Musita con un ligero deje de fastidio en la voz el príncipe de corazones.

¿A quién le hablaba? Fácil: A uno de los perros de caza del castillo. El canido, un pastor alemán de pelaje negro y amarillo olisqueaba de aquí para allá, mientras que el resto de los canes se paseaban por todo el jardín.

Sin duda, para cualquier ajeno del reino carmín resultaría extraño observar al "príncipe" de corazones pasear a los perros (tarea de criados, claro) y vistiendo semejantes fachas (según su madre, claro) como lo era una camisa sencilla de lana, y unos pantalones ajustados así como un par de gastados botines. Se estiro de manera nada educada en espera que "fido" terminase sus necesidades.

¡Condenado perro! ¿Por qué tardaba tanto?

Cruzo los brazos y torció los labios… Si no fuese por su enorme paciencia y pasión para con los animales ya se hubiese ido del lugar. Solo faltaba que por asolearse le viniese una de esas malditas jaquecas que, de vez en cuando, suelen tumbarle por días en cama. Escuchó un ruido, y no fue el único, pues varios de los perros dejaron sus “tareas” para elevar la cabeza y alzar las orejas. El pastor alemán que se encontraba más cerca del lugar donde Alicia había caído fue el que desgraciadamente “comandó “a la manada.

-¿ah? ¡Oye!- Y ahí iba, ¡no podía dejar que los criados y similares viesen ese espectáculo!

¿¡Qué sería de su reputación si se enteran que no puede ni mantener en orden una pequeña “horda” de canes!?

Como era lógico, y de esperarse, el príncipe corrió tras los perros.

Y fue cuando le encontró: La temible General de corazones, en el pasto, de cara… No pudo evitar el hecho de sonreír de manera ladina y un tanto burlona ¡¿quién lo diría?!

-¿Es ese uno de sus habituales entrenamientos militares?-

Desafortunadamente para la de cabellos ébanos, los perros se lanzaron contra ella, creyendo que jugaba….




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Re: De libertad y otros males

Mensaje por Alice Lidell el Miér Feb 12, 2014 1:41 am

Por “suerte”, su cara suavizó la caída, impactando primero contra el suelo, arruinando el verde césped que allí crecía. Se quedó completamente inmóvil, y aunque lo deseara, no podría mover ni un solo dedo, le dolía el alma y su boca sabía a… verde, sí, sabía a verde. Primero fueron los ladridos, luego sintió como empezaban a olerla acompañado de una estruendosa voz que le dejó los nervios de punta, pero no unos nervios malos y desesperantes de ira, no… nervios de vergüenza, rogando que no fuera la persona que creía.

Estuvo a punto de levantarse pero empezó a reír, desesperada, mientras uno de los perros le lamía la oreja, otro se subía sobre su espalda y uno de ellos andaba tratando de morder su bota, todos creyendo que estaba jugando, sumado a que la propia risa de la chica no ayudaba en absoluto a poner una pisca de seriedad al asunto. Empezó a retorcerse y luego a girar, su carita quedó impresa en el suelo por el golpe, aunque pronto desapareció tras unas patitas de los animales que la perseguían.

De la nada se levantó del suelo de un salto, con una mirada asesina y molesta, sus músculos se tensaron casi preparándola para golpear al siguiente que se acercara, los perros captaron enseguida el cambio de actitud y se detuvieron en seco, aunque la posición agresiva duraría menos que cinco segundos. Recuperaría el control de sí y sus manos comenzarían a sacudir su vestido, tratando de deshacerse de las manchas de patitas impresas sobre la tela. - ¡Eso no es muy amable de su parte! - Refunfuñó.

Su mirada se clavó en el príncipe, así que sí era él, estaba casi segura que todo era culpa de ese chico, seguramente él mandó a los perros a que la atacaran, y ella, tan pobrecita, no pudo hacer nada pues le ganaban en número. - Debería poder controlar a sus perros. - Dicho esto se cruzó de brazos, sin explicar cómo había llegado a la ventana, o qué pasó para que saliera volando, después de esquivar a tantos guardias justo… pero, de verdad, justo justito se topaba con él. - No es un entrenamiento, pero supongo que usted estará muy ocupado ahora. - Dio unos pasitos hacia atrás para después flexionar el torso hacia adelante en una reverencia. - Y como no deseo robarle más tiempo, me retiro, su alteza. - Sí, ser educada tenía ciertas ventajas.




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Re: De libertad y otros males

Mensaje por Richter el Lun Feb 17, 2014 1:29 am

El "potrillo Belmont" cruzo los brazos a la altura de su pecho, observando como los canes "atacaban cruelmente" a la general carmín. Y claro, la risa de ella no hizo más que ensanchar su sonrisa.

Es que, uno ve todos los días a uno de los más altos mandos militares "sufrir" de esa manera... Y menos a la tan conocida Alicia ¿Que diría el Jabberwocky de ver a la portadora de su eterna rival de esa manera?

Quien sabe, semejante bestia ya ni existía.

Y arqueo una ceja, cuando finalmente la mujer de cabellos ébanos pudo levantarse.

-¿Ah? - ¿quién se creía que era? mira que decirle tal cosa.

Frunció ligeramente los labios. Si, tiene control sobre la "manada" es solo que... Se había distraído.

O casi...

Bueno lo cierto es que era un tanto difícil controlar a tantos perros, quiso intentarlo y ahora veía que fallidamente fue el intento. Aun así, que Alice le recalcara ello, le hizo ponerse ligeramente de mal humor.

Bufó...

Giro la mirada, mientras que, internamente intentaba calmarse.

-No, no estoy ocupado Alice~ - Canturreó aquel nombre. -¿Y que es ese tipo de reverencia?, levántate mujer ni que estuviese frente al príncipe-  Movió la diestra como  restándole importancia, es cierto, no gusta de semejantes tratos.




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Re: De libertad y otros males

Mensaje por Alice Lidell el Jue Feb 27, 2014 6:16 pm

- Oh, no-no-no-no… - Se apresuró a negar mientras volvía a realizar reverencias, obviamente apropósito de forma casi exagerada, una y otra vez, como si fuera una muñequita a quien solo le dieron cuerda para realizar una única acción. - Siempre hay que respetar, en especial alguien nacido en una cuna de oro. Príncipe y, en un futuro - Esperamos que lejano - Rey. - Se alegraba de que sus pensamientos se mantuvieran solo con ella, quizá tentaba su suerte, pero si le dieran una moneda por cada persona no familiar a quien le cayera mal aquel personaje, sería millonaria.

- Claro que está ocupado, se encuentra paseando a los honorables canes. - No sabía qué tendrían de honorables, pero por alguna razón se le pegó esa forma exageradamente amable y educada de hablar. - Y yo no puedo osar molestar a la realeza… - Su sonrisita fue convirtiéndose en una mueca, habría preferido salir por la puerta y encontrarse con todos los guardias antes de justo dar con él, de todas las personas en el universo, justo él. No es que le odiara, en cierto modo le caía bien, pero le caía aún mejor cuanto más lejos de ella estuviera, le caía fenomenal si hubiera una orden para que hubiera al menos diez metros de distancia entre ambos.

- Y seguramente no desea compañía, por lo que no molestaré ni lo haré perder el tiempo. - Una reverencia final, como quien cierra un acto, antes de comenzar a dar pasitos hacia atrás, casi lista para echarse a correr como si se le fuera el alma en ello, pero no aún… primero debía ver un gesto mínimo de aceptación, aunque sea por un segundo, si él llegaba a titubear, eso sería suficiente para salir corriendo sin mirar atrás.




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Re: De libertad y otros males

Mensaje por Richter el Miér Mar 12, 2014 2:06 am

¿No? ¿Cómo qué no? Y afiló más la mirada. Aquellas reverencias le parecían mas una mofa que seño de respeto. Y es que, no gusta de su título... Para él, que mostrasen tanto respeto seguramente era señal de burla, pues así es como suele hacerlo "madame carmín" su madre.

Por ende, su desprecio a tal rango.

¡¿Figúrate?! Él el rey...

-Larga vida al rey iskandar- Masculló de mala gana mentalmente, seguro de pasar aquello la gente pasaría comparándole con su hermano.

Simplemente, no había punto de comparación entre ambos, el mayor siempre salía ganando.

-No podrás, pero ya lo hiciste- Cruzó los brazos tratando que su mal humor no fuese vidente.

Se masajea la sien, el calor y el mal humor podrían ayudar a que le diese una migraña y no es algo que al príncipe guste que le pase. Suspiro intentando calmarse, es cierto que suele perder fácilmente los estribos, pero no por ello ha de descargar su mal humor con la azabaches.

Arqueó la ceja, aun sin despegar el grisáceo mirar de la silueta fémina. Era irónico que el mujeriego joven no haya osado "atacar" a la general, pero, seguramente, se debía a sus malas experiencias con cierta mujer militar con la que intentó cortejar ya hacía rato.

-De todos modos, no sé de donde sacas que me haces perder el tiempo, cuando yo mismo soy el que lo desperdicia... o algo así, jamás es desperdicio pasar el rato con los animales- Hizo un ademan, mismo que los cánidos interpretaron y se sentaron cerca suyo.




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Re: De libertad y otros males

Mensaje por Alice Lidell el Jue Abr 03, 2014 6:46 am

Hasta cierto punto, no podía evitar divertirse con aquella situación. El príncipe tenía algo que lo hacía particularmente… “molestable”, aunque esa palabra no existía, ¿o sí? No importaba, era entretenido ver sus reacciones y escuchar la manera en que se expresaba, el hecho de que no le gustaran las reverencias ni las exageradas muestras de respeto, aún cuando era propiamente un miembro de la realeza y las cosas debían ser de esa manera, sus día a día debían estar llenos de “Príncipe esto”, “Su realeza lo otro” y demás, hasta solo imaginarse aquello sonaba horriblemente tedioso, era como cuando ella iba a veces por el pueblo y todo era “General carmín, general carmín”, aunque debía ser peor en el caso del muchacho.

No pudo evitar arquear una ceja y mirarlo con suma incredulidad al escuchar aquellas palabras, incluso intercaló la mirada entre los canes sentados y el chico, repitiendo esa acción varias veces, le estaba costando procesar bien la última frase. Por un momento creyó que sonó dulce, pero no podía ser así, era casi como que alguien rasguñara una pizarra en medio del silencio al que estas acostumbrada, siempre lo había visto como un niñato consentido del que todos hablaban mal y pésimo, una persona de la que ni un sacapuntas, por tener un agujero y si le ponías una falda, se salvaría, aunque ella, propiamente, nunca tuvo problemas ni conflictos con él.

- … Eso fue… Extraño. - Fue lo primero que dijo sin siquiera pensar, hasta podrían malinterpretarse así que al darse cuenta que había hablado, trató de aclarar enseguida. - … Simplemente no esperaba que al Príncipe le agradaran los animales, e incluso pasara tiempo con ellos. Creí que tendría cosas más importantes que hacer. - Ladeó un poco la cabeza, en realidad no tenía ni idea de qué obligaciones tendría él, de tener alguna, aunque debía haber presión sobre él, en caso de que le ocurriera algo al actual rey, tendría que asumir el mando y control de todo un reino, supuestamente, pues la reina era la verdadera mandataria.

Realizó una pequeña mueca al final, era complicado hablar con él, o a ella se le hacía complicado, la mayor parte de las frases que venían a su mente seguramente lo molestarían, y la otra parte, aunque no eran cosas malas, también lo iban a hacer enojar, así que… para qué pensar tanto. - ¿Entonces, su alteza, desea compañía? - Se cruzó de brazos, era mejor preguntarlo directamente, por algo la habían detenido aún cuando estaba intentando escapar por una ventana.




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Re: De libertad y otros males

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